A diferencia de otros años en los que los niños iban al colegio y la mayoría de padres salía de casa para ir a trabajar, este año estamos pasando mucho más tiempo juntos y en familia. Si bien esto puede brindarnos una mayor posibilidad de compartir, también puede traer consigo dificultades propias de la convivencia, ya que cada miembro de la familia tiene personalidades y opiniones distintas. Muchas veces se deben repartir los espacios (a veces estos son pequeños) y por supuesto, se suman las diferentes emociones que la pandemia ha generado en cada uno de nosotros. 

Ante las características del contexto que estamos viviendo, requerimos sentirnos acogidos y protegidos. Por esto es importante promover las buenas relaciones en casa y que esta sea un espacio de tranquilidad. Les brindamos a continuación algunas ideas para lograr este objetivo. 

El amor debe ser expresado 

Es importante recordar siempre a los miembros de nuestra familia lo valiosos que son para nosotros y lo capaces que son para lograr lo que se proponen. Para ello: 

  • Diles palabras de aliento.
  • Reconoce y refuerza los logros que cada miembro de la familia va obteniendo.

Hagan uso de su creatividad

Debemos tener en cuenta que estamos viviendo una situación completamente nueva, en la que si bien cada vez tenemos menos restricciones, seguimos cuidándonos y muchas de las cosas que antes hacíamos ya no las podemos hacer. Por eso, debemos ser flexibles, adaptarnos y usar nuestra creatividad para idear nuevas actividades para hacer en familia. 

Tengan esperanza

Si bien esta situación puede parecer eterna, enfrentarnos a ella con esperanza y optimismo nos ayuda a mantener pensamientos y emociones positivos que impactan en nuestro estado de ánimo y, por ende, en la manera en la que nos vinculamos con nuestra familia. Es importante recordar que, como todo en la vida, lo que está ocurriendo ahora también va a llegar a su fin.

Establezcan espacios para comunicarse en familia

Es sabido que la comunicación es clave cuando se trata de convivencia. Una comunicación positiva y adecuada mejora la comprensión, desarrolla empatía y confianza entre los miembros y permite fortalecer los vínculos entre ellos. No dejemos que pasen los días sin tener momentos especiales para conversar y compartir; pueden establecer una hora del día (se puede empezar con los fines de semana) para tener un espacio en el que todos los miembros del hogar se reúnan y comenten cómo les ha ido en la semana, qué han hecho, cómo se han sentido, qué cosas nuevas han aprendido, por qué se sienten agradecidos, etc. De este modo, la familia tendrá un momento para compartir en el que cada uno se podrá expresar y sentir escuchado. Sugerimos que este espacio sea consistente y que todos se comprometan a ello, como si se tratara de cualquier otra actividad de la semana; de esta manera, todos los miembros de la familia interiorizarán la idea de que compartir y comunicarse con la familia es clave.

Sean consistentes

Para fomentar la seguridad emocional en nuestros hijos se requiere evitar brindarles mensajes contradictorios; esta consistencia se debe dar principalmente en tres aspectos: 

1. Lo que dice uno de los padres, el otro debe respetarlo. Luego podrán conversar y expresar en privado su acuerdo o desacuerdo, pero para el niño el mensaje debe ser el mismo por parte de ambos.

2. En el caso de padres separados, ninguno debe hablar mal del otro frente al hijo. Esto puede producir rechazo del niño hacia uno de los padres o frustración al tener que reprimir sus sentimientos frente a uno de ellos. Recordemos que los problemas de adultos se resuelven entre adultos y los niños nunca deben estar involucrados.

3. Generar en los hijos la seguridad de que la recompensa o consecuencia se cumple. Es decir, si acordamos que ante una conducta (deseable) habrá una recompensa, debemos cumplir con este ofrecimiento.  

No amenacen

Las amenazas producen miedo y temor en los niños. En lugar de amenazar, resulta más efectivo dar una indicación en positivo. Por ejemplo, en vez de decir “si no haces la tarea no puedes jugar”, se puede decir “haz tu tarea y tendrás una hora de juego”.

Busquen controlar sus emociones 

Esto implica aceptar que no siempre las cosas van a ser como nos gustaría o esperaríamos que fueran. Al hacerlo, se evitan las frustraciones y más bien nos enfrentamos a una situación desde una postura flexible. Recordemos que no siempre podemos controlar lo que ocurre y debemos buscar adaptarnos para sacar el mayor provecho de cada situación. Además, recordemos que no tomamos las mejores decisiones cuando estamos alterados o enfadados. Por ello, antes de corregir o dirigirnos a nuestros hijos cuando nos sentimos de esa manera, es mejor tomarnos unos minutos para respirar de manera profunda y reducir la intensidad de nuestra emoción.

Respeten las distintas emociones que puede estar sintiendo el otro

Comprendamos y aceptemos que, si bien todos nos encontramos atravesando la misma situación, cada uno percibe la realidad de manera distinta y atraviesa diferentes estados emocionales. Por ello, debemos aprender a escuchar y validar lo que el otro nos dice.

Practiquen la compasión 

La compasión es definida como una sensibilización con el propio sufrimiento y con el de los demás que viene acompañada de un compromiso profundo para tratar de aliviarlo. Es decir, implica una motivación por alcanzar el bienestar. La compasión incluye tres elementos principales:

1. Ser consciente y estar abierto al propio sufrimiento. 

2. Ser amable con uno mismo, no juzgarse y no condenarse. 

3. Ser amable, no juzgar y no condenar a los demás. 

4. Compartir las vivencias de sufrimiento con los demás en lugar de sentirse solo y avergonzado. 

Resulta clave ser empáticos, es decir, ponernos en el lugar de cada miembro de la familia y buscar entenderlo. Otro aspecto clave es recomponernos y tratar de salir adelante llevando a cabo acciones que nos ayuden a sentirnos bien.

El ejemplo tiene más fuerza que las palabras 

Recordemos que, como padres, somos permanentes modelos de conducta para nuestros hijos, por lo que debemos mostrar a través de nuestras acciones lo que es correcto y lo que no lo es. Sin embargo, nuestros hijos también deben observar que también podemos cometer errores pero que los reconocemos y aprendemos de ellos para mejorar y evitar repetirlos.

Cumplan con el horario establecido 

Debemos respetar los espacios de clase y estudio. En los momentos en los que nuestros hijos están concentrados en estas actividades, evitemos darles indicaciones que no tengan que ver con el colegio. Asimismo, es igualmente importante respetar los espacios de recreación y diversión de nuestros hijos.


Referencias 

Brenes, A. R. B. (2014). Convivencia en el contexto familiar: un aprendizaje para construir cultura de paz. Revista Electrónica» Actualidades Investigativas en Educación»14(1), 1-19

Gilbert, P. (2014). Terapia centrada en la compasión. Editorial Desclée de Brouwer.

Por Maya Sordo – Practicante