El término «mentalidad de crecimiento», acuñado por la Dra. Carol Dweck, tiene mucha más profundidad que simplemente mantener una actitud positiva. Su investigación demuestra que la mentalidad de los estudiantes y de los maestros es un factor determinante para el éxito de los estudiantes y de la escuela.

La Dra. Dweck y su equipo estudiaron a las escuelas que implementan una cultura intencional con mentalidad de crecimiento y observaron mejores puntajes en las pruebas y tasas de éxito; mientras que en las escuelas de control, sin el uso intencional de mentalidades de crecimiento, permanecieron estancadas año tras año en sus resultados. Además, las escuelas de los estudios en donde se introdujo la mentalidad de crecimiento eran de áreas desfavorecidas que fueron testigos de tremendos logros, incluso pasando por alto las de áreas más privilegiadas, simplemente adoptando una mentalidad de crecimiento que se centró menos en demostrar el aprendizaje y más en mejorar el aprendizaje.

Los resultados del estudio no solo prueban su punto de vista, sino que la neurociencia también respalda sus hallazgos. La capacidad del cerebro para crear conexiones nuevas y más fuertes a través de hábitos como la práctica intencional, permite que una mentalidad de crecimiento mejore en todas las áreas temáticas independientemente del desempeño anterior. La creencia de que uno puede crecer y mejorar es la base de una mentalidad de crecimiento y debe ser sostenida no solo por los individuos sino también por las instituciones en su conjunto.

Para las escuelas, esto significa que en lugar de etiquetar a los estudiantes como que no tienen talento para una determinada materia y aceptar (o forzar) su destino, los estudiantes, maestros y padres deben abordar la situación con una mentalidad de crecimiento, para volverse competentes y exitosos en cualquier disciplina.

Lo opuesto a una mentalidad de crecimiento, como lo menciona la Dra. Dweck, es una mentalidad fija. Si todos somos honestos, hemos tenido una mentalidad fija sobre nosotros mismos y los demás en algún momento u otro. Los ejemplos incluyen frases como, «no soy bueno en matemáticas» o «sé que los resultados no serán positivos de todos modos». La mentalidad fija no solo reduce nuestra actitud, sino que también afecta el desarrollo de nuestro cerebro y los resultados de rendimiento. La pregunta es entonces: ¿cómo pasamos de una mentalidad fija a una mentalidad de crecimiento? La respuesta está en una poderosa palabra de siete letras que puede llevarnos por el camino de una mentalidad fija a una mentalidad de crecimiento: Todavía.

Si aún no tiene el hábito de usar la palabra, hágalo parte de su vocabulario y comience a florecer con una mentalidad de crecimiento.

Agregar la palabra «todavía» al final de una frase de mentalidad fija tiene el poder de transformarla en un mantra de mentalidad de crecimiento. Imagínese a un estudiante con dificultades que cambia de “no soy bueno en esto” a “no soy bueno en esto, todavía”. Una sola palabra puede restablecer el rumbo hacia el fracaso y cambiarlo hacia un viaje empoderado a la excelencia basada en la resiliencia.

Lo mismo ocurre con los profesores que ven a un estudiante como «no capaz de lograr los objetivos de su curso» que a los estudiantes que «todavía no son capaces de alcanzar los objetivos de su curso». Este enfoque aleja nuestra motivación de elogiar la capacidad y los logros, para centrarnos en los esfuerzos y las actitudes necesarias para el éxito, un enfoque que es clave para obtener mejores resultados, tanto a corto como a largo plazo.

Bibliografía:

Dweck, Carol S, et al. “Academic Tenacity: Mindsets and Skills That Promote Long-Term Learning.” Bill and Melinda Gates Foundation, 2014.

Por Daniel Kasnick – Coordinador de Primaria