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EL TRÁFICO ILEGAL DE ESPECIES Y EL CORONAVIRUS

Quien haya dicho que el problema del cambio climático y las actividades humanas que atentan contra el medio ambiente, no están relacionadas con la pandemia del coronavirus, se equivoca, estas dos lo están y mucho.

Esta es la historia de un pequeño animal que tiene mucho que ver con la pandemia en la que vivimos hoy y que no debería tener un rol protagónico. Antes de empezar debemos utilizar el vocabulario científico correcto. La enfermedad que causa el virus se llama CoVid-19, pero el virus en si se le denomina científicamente SARS-CoV-2 y comúnmente se le llama coronavirus, porque pertenece a la familia de los orthocoronavirinae caracterizado por ser virus de ARN con monocatenario positivos y una de sus características peculiares es la corona de puntas (o glicoproteínas que asisten al virus a unirse a la célula de seres vivos) que se ve alrededor de la superficie exterior del virus.

Después de utilizar el vocabulario correcto podemos continuar con la historia. Podríamos decir que todo está conectado, que el planeta funciona como un sistema vivo donde absolutamente todo está interconectado y que si algo se cae o algo interrumpe esta cadena ocurre un efecto dominó como el que estamos presenciando en esta crisis, la cual nos está llevando a consecuencias muy dramáticas.

En un informe científico reciente, donde se expone los resultados del estudio genético que se ha estado realizando en estos últimos meses sobre el SARS-CoV-2. Nos indica que este virus se originó en la vida silvestre, en donde el virus logró cruzar la barrera entre especies y así contaminar al ser humano. El estudio del genoma del virus rastrea a un principal sospechoso, es una especie de murciélago de la subfamilia Rhinolophinae, el cual transmitió el virus a un huésped intermediario y protagonista de esta historia, todas las teorías apuntan al pangolín.

El pangolín es un animal raro, parece entre un armadillo, un puercoespín, oso hormiguero y un perezoso. Antiguamente los pangolines pertenecían dentro de la clase de estas especies mencionadas, pero las pruebas genéticas indican más bien que los pangolines pertenecen a la superorden Laurasiatheria, es decir son más cercanos evolutivamente a los carnívoros.

Existen ocho especies de pangolines en el mundo de las cuales tres de ellas están en peligro de extinción crítica, según la UICN o Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Es el mamífero más comercializados a nivel mundial y lo trafican por diversos motivos, como alimento, amuleto, mascota o medicina tradicional, entre otros. El contacto humano a través del consumo de este animal, como comida exótica o medicina, facilitó el salto del virus causando así la crisis en la que nos encontramos.

Esta no es la primera vez que ocurre una transmisión de virus entre animales silvestres a humanos, la epidemia del SARS en el 2003 tuvo origen en civetas, vendidas en los mercados negros como mascotas. El MERS en 2012, se originó en camellos que contagiaron a humanos por contacto y así también la gripe aviar, el ébola, el VIH y muchas otras enfermedades infecciosas emergentes, o EIE, que por lo general se originan en animales, y al pasar a humanos se le denomina a este fenómeno, zoonosis.

Estamos siendo testigos que la vida silvestre puede originar eventos zoonóticos que conllevan riesgos enormes para la salud pública, la bioseguridad e incluso la inestabilidad mundial. Estamos presenciando una cadena de eventos amplificadores interconectados capaces de propagar el virus por el mundo entero. La globalización y los medios de transporte aéreo modernos han facilitado que este virus se propaga con mucha facilidad y rapidez. Pero lo más importante son las actividades humanas, estas incrementan significativamente la exposición a estos patógenos zoonóticos, los cuales evidentemente no estamos preparados para afrontar. El tráfico ilegal de especies silvestres, la degradación de ecosistemas y pérdida de hábitat, la extinción de especies e interrupción de las cadenas ecológicas son las actividades que contribuyeron con mucha influencia lo que estamos viviendo hoy. Estas actividades a su vez contribuyen al problema foco: el calentamiento global y este mismo abre las puertas para patógenos.

El tráfico ilegal de especies silvestres tiene una alta demanda y se estima que es la cuarta actividad criminal organizada en el mundo, después de los estupefacientes y la trata de personas. La probabilidad de que el SARS-CoV-2 llegó a conminar a los humanos gracias al tráfico ilegal de especies silvestres, es muy alta. China es uno de los países con alta demanda en consumo de especies como el pangolín, esta actividad no está al 100% estrictamente regulada por las autoridades, en la mayoría de los países del mundo. Se debe integrar estas regulaciones con las prácticas de salud humana, salud animal y salud ambiental, ya que estas son interdependientes. Cabe resaltar que los ecosistemas biodiversos en estado natural limitan las exposiciones y el impacto potencial de patógenos a través de un efecto de amortiguamiento, minimizando las posibilidades de contagio humano, por ende la importancia de proteger los ecosistemas y su biodiversidad.

Mientras vamos asistiendo a la expansión global del coronavirus, debemos recordar la importancia de la salud ambiental como un factor clave de nuestra propia salud. El rol que debe cumplir los ministerios de medio ambiente y recursos naturales, institutos de investigación científica, ONGs, departamentos de vida silvestre y la medicina veterinaria es de suma importancia para cubrir las carencias actuales de vigilancia.

En conclusión, el Pangolín debería ser el protagonista de una historia feliz, el acto de extraer a un animal silvestre de su hábitat para luego venderlo como mascota o matarlo para consumo humano, es un acto cruel, egoísta y criminal el cual pone en riesgo a la humanidad entera. La educación no podría ser la clave más esencial para combatir estos problemas socio ecológicos, sobre todo una educación científico-ambiental acertada, precisa y muy bien establecida en las escuelas. Esto puede asegurar un mejor futuro para la humanidad y la biodiversidad.

Por Diego Valverde (Profesor de Ciencias, Científico Ambiental y Biólogo Marino).

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