La autoestima es el resultado de la evaluación que las personas hacen sobre sí mismas y la valoración que le dan a ello. Tener un nivel de autoestima adecuado resulta sumamente importante porque permite tener confianza en uno mismo, ser independiente, creer en las propias ideas, enfrentarse a los retos con seguridad, tener iniciativa, adaptarse a los cambios, tolerar las frustraciones, perseverar y manejar la crítica. Por otro lado, una autoestima baja se relaciona con una menor confianza en uno mismo, poca iniciativa e independencia, dificultad para reaccionar al cambio o al estrés, rendirse fácilmente, reaccionar de forma inadecuada con conductas inmaduras y dificultades para relacionarse con los demás.

Los padres, influyen en gran medida en la imagen que el niño tiene sobre sí mismo y, por ende, en la formación de su autoestima. Por ello, al tener un papel clave en esto, es importante que estén informados sobre cómo ayudar a sus hijos a desarrollar su autoestima y qué conductas o actitudes evitar porque podrían más bien perjudicar este proceso. 

A continuación, les brindamos algunas ideas para ayudar a fortalecer la autoestima de sus hijos: 

Reconocer sus esfuerzos y no solo enfocarse en los resultados 

El reconocimiento verbal ayuda a los niños a permanecer motivados y a tener presente lo que han sido capaces de alcanzar. Sin embargo, al hacerlo deberíamos focalizarnos más en el esfuerzo empleado que en el resultado en sí, ya que de este modo la autoestima del niño no se verá perjudicada si no alcanza lo esperado o deseado en algún momento, lo cual inevitablemente puede suceder. Tenemos mayor control del esfuerzo, la disciplina y la perseverancia que empleamos para trabajar en nuestras metas que del resultado de las mismas; por ello es importante reconocer y reforzar estas conductas en lugar de únicamente los resultados.

Los niños están aprendiendo 

Nadie nace sabiendo, es enfrentándonos al mundo y cometiendo errores donde vamos adquiriendo conocimientos y aprendizajes. Es importante ser paciente con el niño mientras aprende y demostrarle que el amor hacia él no está condicionado a si lo que hace es correcto o no. Si bien se le corrige cuando realiza una conducta inadecuada e incluso, a veces esta conducta produce un enfado, la corrección debe estar siempre referida a sus conductas y no a cómo es él como persona. 

Además, si constantemente estamos remarcando y reprochando sus errores, los niños podrían desarrollar miedo a equivocarse y evitar realizar ciertas cosas o sentirse muy mal al no hacerlas bien. Enseñémosles con el ejemplo y explicándoles las consecuencias de sus acciones.

Ayudarlos a abrazar el fracaso

El fracaso, si bien es muy temido por varios, muchas veces es necesario para encontrar el camino al éxito. Cuando nos equivocamos o no alcanzamos lo deseado, no debemos dejar que esto nos tumbe o nos impida seguir tratando. Por el contrario, es importante ver el fracaso como una oportunidad para darnos cuenta de qué es lo que debemos cambiar para mejorar. En lugar de gritarle a nuestros hijos por una mala nota, busquemos tener una conversación con ellos sobre qué podrían hacer la siguiente vez para alcanzar un mejor resultado.

Enseñarles nuevas habilidades

Cuando aprendemos a hacer algo nuevo nos sentimos bien con nosotros mismos, ya que nos demostramos que somos capaces de lograr algo más. Busca oportunidades para que puedan aprender cosas nuevas, por más pequeñas que sean. Por ejemplo, enseñarle a lavar los platos solo. 

Tener expectativas realistas

Sabemos que nadie es perfecto, pero aún así, a menudo nos sentimos decepcionados cuando nuestros hijos no logran o no hacen algo que esperábamos que hicieran. Aprendamos a aceptar que, como toda experiencia, esto también les traerá aprendizaje. No les pongamos demasiada presión, porque los podemos sobrecargar, abrumar y su autoestima se va a ver afectada cada vez que no consigan algo. 

Cuidar las palabras que uses con ellos  

Los niños son muy sensibles a las palabras que utilizamos con ellos y estas pueden quedar resonando en su cabeza por mucho tiempo. Por esto, debemos tener cuidado de no dañar a nuestros hijos cuando cometen algún error diciéndoles algo que los haga sentir mal, ya que ellos están aprendiendo a lidiar con sus errores. Ante una mala conducta, es mejor brindar críticas constructivas, evitar las ofensas y utilizar un tono calmado para que el niño entienda lo que podría cambiar para mejorar. 

self-esteem

Ayudarlos a encontrar un hobby

Esto los hará sentir a gusto con lo que están haciendo y por ende, con ellos mismos. Invítalos a probar distintas actividades y a descubrir sus propios intereses, aunque estos sean diferentes a lo que a ti te gusta hacer. 

Procurar que se mantengan activos 

El ejercicio físico ayuda a liberar tensiones, a distraernos y a mejorar el estado de ánimo. 

Por otro lado, en ocasiones podemos decir algo a nuestros hijos con la intención de fortalecer su autoestima pero que en realidad tiene el efecto contrario. Les damos algunos ejemplos:

“Eres muy inteligente”

Hacer un cumplido tiene como objetivo reforzar las conductas positivas, pero el ser “inteligente” no es una conducta y los niños no lo van a percibir como algo que está dentro de su control. En cambio, cuando se reconoce el esfuerzo, es más probable que los niños continúen esforzándose y obtengan buenos resultados en lugar de rendirse por sentir que simplemente no son lo suficientemente inteligentes en algún área.

“Eres un buen chico”

En lugar de evaluar sus acciones, con este cumplido lo estamos evaluando a él como persona. Todos los niños saben que no siempre son “buenos” y que van a tener conductas o pensamientos que no van a gustar a sus padres. Al darle este cumplido, se puede generar en él un rechazo a mostrarse tal y como es y creer que tiene que ser únicamente “bueno” o perfecto.

“Eres muy lindo/a”

Debemos recordar que nuestros hijos están creciendo en una sociedad que está muy pendiente de la apariencia. Con estos mensajes, ellos pueden internalizar la idea de que su valor está ligado a cómo se ven o que tienen que ser lindos o atractivos para ser valiosos o aceptados.

La belleza es relativa según quien la mire; entonces, en lugar de que nuestros hijos se esfuercen demasiado por querer verse atractivos, démosle más valor a sus habilidad e intereses.

“¡Buen trabajo!”

Muchas veces decimos esta frase varias veces al día, pero, al decirla tan a menudo, en lugar de motivar al niño, estamos creando la necesidad de ser constantemente felicitado. Como consecuencia, el niño puede comenzar a hacer las cosas exclusivamente por recibir algo externo, en este caso una felicitación. 

Cuando nuestros hijos realizan algo bien, nos sentimos orgullosos y queremos que ellos también se sientan bien con lo que han hecho y así puedan repetirlo. Sin embargo, celebrarle cada cosa que hace en el día hace que esto pierda sentido. Por eso, debemos utilizar palabras que sean más efectivas. Por ejemplo, en lugar de decir “buen trabajo, terminaste de poner la mesa tú solo” le podemos decir “gracias por poner la mesa, es de gran ayuda”.

“¡Eres el mejor!”

A pesar de que puedan ser literalmente los mejores en algo, decirlo crea en el niño una expectativa de logro muy difícil de alcanzar. Esto puede convertirse en una presión para él y puede causar que crea que debe ser el primero o el mejor en todo. Además, puede causar que no quiera hacer actividades en las que no destaque, limitándose ante la posibilidad de aprender y disfrutar nuevas actividades. 

Referencias

  • García, J. A., & Sánchez, J. M. R. (2005). Prácticas educativas familiares y autoestima. Psicothema17(1), 76-82
  • Tina Donvito. 8 Compliments You Seriously Need to Stop Giving to Your Kids
  • Tina Donvito. Build Your Children’s Self-Esteem: 12 Healthy Tricks to Have Up Your Sleeve. 

Por Maya Sordo – Practicante del Departamento Psicopedagógico