Francesco Tonucci (Frato), psicopedagogo, pensador y dibujante italiano, ha realizado un trabajo notable en el marco de la pedagogía. A través de sus libros, conferencias, dibujos y proyectos internacionales busca incitar reflexiones sobre los derechos de los niños en la sociedad. Derechos que exigen que repensemos el rol de las familias, las escuelas, los maestros, las ciudades. Transformaciones que sólo pueden iniciarse si nos detenemos a realmente hacernos la pregunta de cómo piensan, sienten y actúan los niños y las niñas.

Una de las ideas vertebrales de Tonucci es la apuesta por reconocer la ciudadanía plena de los niños desde su nacimiento. Lo cual significa saber, aceptar y reconocer sus derechos dentro de la sociedad. Desde esta preocupación fundó el proyecto “La  Ciudad de los Niños”, una apuesta por transformar las ciudades incorporando las voces de los niños en las agendas públicas a través de la formación de consejos de niños que exigen sus derechos en la toma de decisiones y planificaciones urbanas. El año pasado la Municipalidad de Lima organizó un encuentro, al cual fue invitado Tonucci, que era un espacio que abría la pregunta de cómo Lima podría transformarse en una ciudad para los niños, incluso se organizaron actividades en las cuales consejos de niños de diferentes distritos compartieron sus inquietudes y propuestas.

Cuando Tonucci habla de la ciudad y del barrio, habla también de la escuela. Los niños aprenden todo el tiempo, tienen la curiosidad a flor de piel y cada descubrimiento, cada interacción es un motivo para generar nuevos aprendizajes. Muchas veces caemos en el error de pensar que la escuela, como espacio físico, es el único lugar de aprendizaje, dejando de lado el enorme potencial de aprender precisamente vinculando lugares y experiencias distintas como aquello que sucedió en el fin de semana y le impactó mucho, lo que observó en la calle y la historia que le contó su abuelo. “La escuela debe ser capaz de leer la realidad concreta que rodea al niño. La geografía es la de su barrio; la historia, la de su familia” (Tonucci).

La retante realidad en la que vivimos hoy nos obliga a repensar la educación. ¿Qué significa la escuela en casa? ¿Cómo aprendemos en casa? ¿Qué es lo esencial y lo más importante que le debemos transmitir a los estudiantes en estos momentos? ¿Cómo conseguir aprendizajes significativos a través de la virtualidad? ¿Cómo podemos “educar” desde la realidad que nos atraviesa hoy? ¿Cómo trasladamos la interacción de la escuela y del barrio al hogar? ¿Qué lugar ocupa la interacción en el aprendizaje?

Las familias y la escuela coincidimos en que queremos alcanzar la excelencia en el desarrollo del niño a pesar de las circunstancias o mejor aún con las circunstancias. Entendiendo siempre “excelencia” como el potencial máximo que cada uno pueda alcanzar desde el trabajo personal, poniendo en valor su especificidad y autenticidad. Estas preguntas me han llevado a reflexionar mucho al respecto y he logrado identificar dos ideas claves para atravesar estos momentos con claridad. La primera es la construcción de un vínculo afectivo con los estudiantes. Edificar un espacio de confianza (virtual o presencial) es indispensable para poder generar interés y curiosidad en los estudiantes. El camino para llegar ahí está en manos de los maestros, pero también de los estudiantes, debemos ser creativos para virtualizar nuestros recursos y poder transmitir el mensaje de “estamos juntos en esto”. La segunda idea tiene que ver con la atención en el presente, en la realidad del entorno inmediato y con empezar a observar la casa como un taller. Debemos diseñar actividades que despierten la curiosidad en los estudiantes por sus hogares y por su entorno más próximo. Descubrir su enorme potencial como espacio físico, pero también como espacio social. En un contexto normal es difícil tener a toda la familia en casa, ahora podemos sacarle el juego a esta situación para crear experiencias donde la participación de cada integrante contribuya al aprendizaje.

Ante este nuevo panorama educativo hemos visto como muchos pedagogos, escuelas e instituciones culturales han abierto espacios de diálogo para compartir sus inquietudes, preguntas y propuestas. Me gustaría compartir con ustedes la conferencia “Ciudad e Infancia” del Medialab Prado (Madrid), en la cual los espacios artísticos y culturales (que también son espacios pedagógicos) se preguntan cuál podría ser un nuevo horizonte para continuar creando procesos de intercambio y pedagogía. Las cuestiones que se discuten en esta conversación son también pertinentes en nuestro contexto limeño. Es un gran reto para las organizaciones, museos y centros culturales que apostaban por experiencias pedagógicas a partir de dinámicas interactivas, muchas veces en diálogo con la ciudad y con el espacio público.

Para finalizar me gustaría compartir con ustedes siete consejos que nos deja Tonucci para que juntos, familias y maestros, podamos contribuir al buen desarrollo de los niños en estos tiempos y adicionalmente vincularlos con los oficios de ASIRI que trabajamos en Villa Per Se:

  1.   La casa/taller

Descubrir con la ayuda de los padres cómo funciona la casa. ¿De dónde viene la electricidad de la luz? ¿Cómo funciona el gas? ¿Cuál es la ruta del agua hasta mi casa? Estas preguntas son sumamente importantes. El buen funcionamiento de la casa es lo que permite que podamos vivir tranquilos y hacer nuestras actividades regulares, pero nunca nos detenemos a pensar cómo ocurren estos procesos y observarlos implica empezar a valorarlos. Además, al investigar las rutas de estas infraestructuras podemos entender también cómo funciona el edificio, la cuadra, el barrio, los distritos, etc., y comprender así cómo es que estamos articulados unos con otros como ciudadanos. Este interés curioso por investigar puede relacionarse con los oficios de ingeniería, alfarería y albañilería.

  1.   La cocina/laboratorio

La cocina es el corazón de la casa. A través de la cocina podemos aprender mucho de nuestra cultura, las combinaciones que encontramos en los platos de comida son el resultado de procesos sociales e históricos. El proceso de cocinar un plato tradicional podría venir de la mano con ver un documental, por ejemplo, y descubrir qué otras tradiciones culturales acompañan la gastronomía. También la cocina puede convertirse en un laboratorio de experimentación, donde los niños ponen a prueba conocimientos previos y adquieren nuevos en la práctica. También dentro de ASIRI existe el oficio de cocina.

  1.   Lectura colectiva

Este es un consejo en el que Tonucci insiste mucho con o sin pandemia. La propuesta es encontrar un lugar de la casa en el cual cada día en el mismo horario se practique la lectura en voz alta. La lectura en voz alta es un ejercicio magnífico para que los niños despierten un interés por la lectura. El ejercicio de lectura lo encontramos en los oficios como el teatro, la filosofía y la astrología.

  1.   Tejer/reparar/barrer/limpiar/ordenar

Tonucci las clasifica como tareas domésticas. Es sumamente importante que los niños participen de ellas, solo así podrán comprender su importancia y no darlas por sentado. El trabajo que realizan las trabajadoras del hogar, o en muchos casos las madres, es un trabajo sumamente importante y digno, pero frecuentemente desvalorizado. Construyamos generaciones más conscientes. Dentro de los quehaceres domésticos podríamos reconocer los oficios de carpintería, agricultura, y textilería.

  1.   Biografía

Podríamos utilizar este tiempo para recordar. Tonucci propone que las familias se den un tiempo junto a los niños para revisar sus historias, puede ser a través de fotografías, carpetas de dibujos o juguetes. Revivir archivos para viajar al pasado, es una forma también de reflexionar sobre los aprendizajes personales y familiares a lo largo del tiempo.

  1.   Ventana Externa

Compartir con los niños algunas noticias relevantes o artículos interesantes teniendo en cuenta la edad en relación con los contenidos. Es importante que los niños estén enterados de lo que ocurre en el mundo “externo”, solo así podrán construir una opinión reflexiva y crítica.

  1.   Ventana Interna

Invitar a los niños a que tengan un diario. Un espacio personal donde ellos puedan expresar y canalizar sus deseos, sus inventos, y también sus preocupaciones y miedos. Poner nuestros pensamientos y sentimientos en papel nos sirve muchísimo para descargar y poder volver a empezar. Es sumamente importante que este diario sea secreto y se respete la privacidad en el proceso. Estos espacios de reflexión donde los niños expresan su mundo interior pueden darse a través de la escritura, pero también pueden hacerlo a través de otros recursos artísticos, como la escultura, la pintura, la danza, la música y el teatro.

Por Alejandra Ortiz De Zevallos – Profesora de Arte