Solemos asociar la palabra crisis con una situación de amenaza para nuestro bienestar. Consideramos la crisis como un peligro y algo negativo que viene a arrebatarnos nuestra tranquilidad, por lo que solo deseamos que se termine lo antes posible e incluso, si se pudiera, evitarla.

Hoy en día nos enfrentamos a una inestable situación sanitaria y económica, sumada a las regulaciones por parte del estado – las cuales nos han llevado a cambiar nuestro estilo de vida –  y a que vivimos en la era digital, en donde la tecnología nos permite enterarnos minuto a minuto de todo lo que ocurre en el mundo. Estamos viviendo una situación excepcional, por lo que sentirnos mal o no poder manejarla es parte de ello, y por ende, no hay nada que podamos hacer para cambiarla.

Es natural que frente a un contexto de tantas sorpresas, incertidumbres, cambios e inevitables miedos, frustraciones y tristezas, sintamos que no estamos listos para afrontarlo. Sin embargo, debemos tener en cuenta que desde que nacemos y transitamos por las etapas de nuestra vida, nos vamos enfrentando a diferentes crisis, ante las cuales también nos topamos sin estar preparados y depende de nosotros hacer ajustes en nuestras vidas para poder lidiar con ellas.

Muchos nos hemos sentido abrumados por la falta de control que esta situación ha traído consigo, pero en realidad, antes de la crisis actual, solo teníamos un aparente control de las cosas, pues la vida es constantemente incierta y nos presenta un abanico de posibilidades frente a lo que ocurrirá en un futuro. La incertidumbre nos está enseñando mucho, como por ejemplo, a no dar por hecho lo que tenemos sino a aprovecharlo y valorarlo porque nada es para siempre. También nos está dando la lección de que, si bien es bueno planificar y llevar a cabo acciones pensando en el futuro, nada nos asegura que las cosas se van a dar como nos gustaría que se diesen, por lo que debemos estar abiertos a que nuestros planes no se den y sacar lo mejor de la situación que nos toque vivir.

Como dijo Albert Einstein, una crisis es igual a una oportunidad para progresar. A pesar de que las crisis nos traen sufrimiento, también nos permiten darnos cuenta de que hay algo que debemos cambiar para poder enfrentarlas, y al decidir hacerlo, aprendemos y salimos fortalecidos. Es aquí donde entra la resiliencia, la cual es una capacidad disponible para todos los seres humanos.

¿Qué es la resiliencia?

El término resiliencia ha ido ganando cada vez más popularidad en los últimos años, partiendo del interés por comprender cómo personas que han pasado por situaciones difíciles e inclusive extremas, han sido capaces de desarrollarse con éxito e incluso se han visto fortalecidas con lo que vivieron.

La resiliencia se refiere a la capacidad que tenemos las personas, los grupos y las comunidades para sobreponernos y ser capaces de enfrentar y superar con éxito la adversidad, utilizando los propios recursos. Implica flexibilidad, tolerancia y resistencia; se le ve como el “arte de navegar en la tormenta”, pudiendo salir más fuerte de ella y habiendo aprendido algo, que probablemente en una situación de “buen clima” no se hubiese logrado.

«Una infelicidad no es nunca maravillosa. Es un fango helado, un lodo negro, una escara de dolor que nos obliga a hacer una elección: someternos o superarlo. La resiliencia define el resorte de aquellos que, luego de recibir el golpe, pudieron superarlo». Boris Cyrulnik (1999).

 10 maneras para desarrollar la resiliencia

  1. Entrar en contacto con la realidad y aceptarla. Este es el primer paso y por más desagradable e injusta que sea la situación, debemos aceptarla. Al negarla, ponemos en pausa nuestra posibilidad de hacer los cambios necesarios para poder lidiar con lo que está ocurriendo.
  2. Tomar la decisión de qué hacer frente a la situación, usando nuestros recursos disponibles y estando dispuestos a realizar los cambios necesarios.
  3. Proponernos objetivos pequeños, realistas y alcanzables.
  4. En lugar de preguntarnos “¿por qué ocurre esto?”, frente a lo cual muchas veces no vamos a encontrar respuestas, transformemos la pregunta a “¿para qué ocurre?”. Esto nos ayudará a darnos cuenta de lo que podemos aprender de esta situación, pues al fin y al cabo toda experiencia es un aprendizaje.
  5. Recordar todas las veces que ya superamos situaciones difíciles en el pasado. Seguro muchas veces nos hemos encontrado en alguna situación complicada que no creímos ser capaces de superar, pero finalmente lo hicimos.
  6. Tener esperanza y desear que ocurra lo mejor. Para ello, es importante diferenciar entre “espero” o “me gustaría que ocurra esto” de “esto debe ocurrir”. El debe ocurrir es querer que la vida vaya de acuerdo a mis planes y si estos no se dan, me sentiré frustrado. Por otro lado, la esperanza es desear que lo mejor ocurra, pero esto no se ve como la única posibilidad aceptable, sino que si lo que queremos no ocurre, nos acomodaremos para sacar lo mejor de la situación que nos toca vivir.
  7. Gratitud. Estar agradecidos y valorar lo que tenemos.
  8. Recordar que no estamos solos en esto. Buscar apoyarse y unir fuerzas con las personas cercanas que uno tenga.
  9. Hacer actividades que nos permitan sentirnos bien y hacer uso del sentido del humor.
  10. Tener claro que es natural no sentirnos bien todo el tiempo.

¿Cómo fomentar la resiliencia?

  • Tener en cuenta que todos somos distintos y no esperar las mismas reacciones en las personas. No todos tuvimos las mismas experiencias en el pasado ni vivimos la situación actual de igual manera, ya que todos tenemos características distintas.
  • Acompañar, no solucionar el problema: dejar que la persona descubra cómo hacerlo por sí misma pero apoyarla dándole ánimos y confianza para hablar de cómo se siente.
  • Transmitir afecto y cariño.
  • Proponer actividades que ayuden a la persona a pasar un buen rato.

 Las crisis nos permiten darnos cuenta de nuestra flexibilidad o capacidad para adaptarnos y, al mismo tiempo, nos entrenan para mejorar en ello. Al poder superar esta dificultad vas a ser más fuerte, vas a tener más confianza en ti mismo y en los demás.

Referencias

CNN. (2020). La importancia de la resiliencia durante la pandemia. https://youtu.be/l6L4rd6KCFg

Cyrulnik, B., Manciaux, M., Sánchez, E., Colmenares, M. E., Balegno, L., y Olaya, M. (2002). La resiliencia. Desvictimizar la víctima. Cali: Casa editorial Rafue. CEIC.

Iglesias, E. B. (2006). Resiliencia: definición, características y utilidad del concepto. Revista de psicopatología y psicología clínica, 11(3), 125-146.

Por Maya Sordo – Practicante

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