El “mindfulness” se refiere a la capacidad de estar atento y consciente en el momento presente, observando lo que pasa dentro y fuera de nuestra mente sin emitir ningún tipo de juicio. Todos tenemos esta capacidad, sin embargo, no todos somos conscientes de ello. El mindfulness nos enseña a ser conscientes y a estar atentos a nuestros pensamientos y emociones, como también a estar presentes en las actividades que realizamos día a día. Del mismo modo, nos permite disfrutar plenamente de las cosas más cotidianas y simples como ducharnos, cocinar, escuchar el canto de los pájaros o prestar atención a los juegos con nuestros hijos sin distraernos por nuestros pensamientos o preocupaciones. Asimismo, el mindfulness nos ayuda a trabajar nuestra aceptación incondicional ante alguna situación o experiencia que nos resulta desagradable y que no podemos controlar ni cambiar. Nos brinda sabiduría para comprender cuándo es posible modificar estas situaciones y cuándo no lo es.

En este mundo que alaba el “hacer – hacer”, nos dedicamos a realizar muchas cosas de las cuales a menudo no nos damos cuenta, pues vivimos en piloto automático. Esto provoca la pérdida de la capacidad de atención y mucho estrés. Es del mismo modo que actuamos con los más pequeños. Les imponemos muchas tareas, diversas actividades extracurriculares, y pasan mucho tiempo detrás de una pantalla; lo cual, llevado a un extremo, reduce su capacidad de atención. Aprendiendo a vivir en el presente con atención plena, aprendemos a disfrutar el día a día y comenzamos a vivir y experimentar un estado de paz y felicidad. Esto nos permite agradecer y aceptar nuestro presente en vez de preocuparnos por el futuro o perdernos en los problemas del pasado.

Cabe recalcar que cuando los padres están más presentes, también están mucho más atentos a las necesidades de sus hijos y a las conversaciones y juegos con ellos; así, los niños se sienten más seguros y felices: los padres atentos tienen niños atentos.

“La forma de vida en las ciudades ha hecho que vayamos perdiendo la capacidad de conexión con nuestro ser, con todas las consecuencias que ello conlleva. Por eso es primordial que el niño aprenda a conectar consigo mismo y que experimente los beneficios inmediatos que le aporta.” (Moroño, 2019).”

Entonces, ¿por qué es importante que los niños se inicien en el mindfulness desde temprana edad?

La respuesta a esta pregunta es, por los diversos beneficios que trae. El mindfulness ayuda a que los niños comprendan fácilmente que son sus pensamientos sobre alguna situación o experiencia, lo que genera sus emociones y que estas emociones se perciben de manera física en su cuerpo. Además, entienden que cuando se sienten mal pueden actuar para lograr estar mejor y que pueden hacer que esas emociones sean pasajeras. También aprenden a ser conscientes del diálogo interno que todos tenemos día a día en nuestra mente; al ser conscientes de esto, es más fácil poder cambiarlo a uno positivo, lógico y racional, lo que los lleva a experimentar un bienestar psicológico.

Asimismo, al practicar el mindfulness, se les hace más fácil identificar, comprender y expresar sus emociones, llevándolos a entender que sus emociones no saludables (como la cólera y la depresión) pueden durar y afectarles menos. Los niños aprenden a mirar en su interior y a conocerse, lo cual genera mayor seguridad a la hora de expresar sus emociones y gestionarlas. Además, es un ingrediente fundamental para fortalecer su autoestima, pues, gracias al mindfulness, los niños pueden profundizar en ellos mismos, facilitando el conocerse y formar su identidad. Así, no solo fomenta una autoestima sana sino que también mejora su conexión con los demás.

Este tipo de prácticas asimiladas en la infancia, acompañarán al niño toda su vida y le proporcionarán una serie de recursos muy importantes para su felicidad.

Los invitamos a investigar un poco más sobre mindfulness. Si desean orientación en este tema, no duden en comunicarse con nosotros.

Referencias:

Moroño, T. (2019). Niños atentos y felices con mindfulness. Barcelona, España: Editorial Penguin Random House

Por Cristina Mendiola – Psicóloga de 5to a 7mo grado

Compartir