Durante muchos años, los centros educativos se han enfocado en el desarrollo de la capacidad intelectual del estudiante, es decir, en la obtención de buenas calificaciones para que en un futuro sean personas exitosas, dejando de lado la importancia y el rol que cumplen las habilidades blandas para lograr un buen rendimiento académico. Conocer las propias emociones y saber regularlas ante las adversidades, es fundamental para un bienestar saludable en el niño, el cual a su vez repercutirá en todos los ámbitos de su vida (personal, social, académico, etc.).

Es por ello que uno de los principales objetivos del Colegio Villa Per Se, es que sus estudiantes sean emocionalmente inteligentes. Pero, ¿eso qué significa?

Comencemos por definir la inteligencia emocional como el conjunto de habilidades que determinan cuán efectivamente las personas se entienden a sí mismas, comprenden a los demás, expresan sus emociones y afrontan las situaciones de la vida cotidiana.

De manera más específica, la inteligencia emocional influye en nuestras relaciones intrapersonales; es decir, en poder expresar nuestras emociones, creencias y pensamientos sin dañar los sentimientos de los demás y defender los propios derechos de una manera no destructiva. Asimismo, la inteligencia emocional influye en nuestras relaciones interpersonales, ya que incluye la conciencia social y el reconocer y empatizar con las emociones de los demás, para de esta manera lograr comunicarnos de manera efectiva con los demás y ser conscientes de las necesidades y características propias de los otros. Además, la inteligencia emocional implica también la adaptabilidad, es decir el utilizar un lenguaje asertivo para expresar efectivamente las emociones; es nuestra capacidad para manejar los cambios de manera en que logremos adaptarnos y afrontar las emociones negativas utilizando estrategias autorreguladoras como la tolerancia y manejo del estrés (manejo y regulación emocional al atravesar situaciones difíciles para uno) y el control de impulsos.

El rendimiento académico es otra área fundamental en la que la inteligencia emocional juega un papel importante, ya que la capacidad para comprender y experimentar las propias emociones y recuperarse fácilmente de estados de ánimo negativos, influye en gran medida sobre la salud mental de los estudiantes. Por ejemplo, si un niño no logra realizar una actividad planteada en clase puede llegar a frustrarse por ello; pero, si es capaz de regular sus emociones, probablemente va a perseverar en intentarlo hasta finalmente lograrlo. Por ello, las personas con escasas habilidades emocionales son más propensas a experimentar estrés, ansiedad, tensión, entre otras dificultades emocionales durante sus estudios.

¿De qué manera podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar su inteligencia emocional?

  • Enseñarles a reconocer las emociones→ a partir de los dos años, es recomendable ir enseñándoles a reconocer las emociones básicas (alegría, tristeza, enojo y miedo), pues es cuando comienzan a tener interacciones sociales de una manera más directa.

Una buena manera de empezar es enseñarles fotografías de rostros o dibujos que representen las diferentes emociones, o también mediante el ejemplo; es decir, poniendo cara feliz, triste, molesto o miedo y que ellos deban imitar. Asimismo, cada vez que se vean afectados por alguna emoción, es una oportunidad para enseñar a reconocer dichas emociones preguntándoles qué les pasa, por qué creen ellos que se sienten así, y también haciéndoles reflexionar sobre las emociones y sentimientos de los demás. Dicho proceso, que se afianzará a medida que vayan creciendo, es vital para que aprendan a reconocer sus propias emociones así como las de los demás y, sobre todo, para comenzar a desarrollar la empatía.

  • Enseñarles a afrontar las emociones→ ¿De qué manera? Con ejemplos. Los niños funcionan con aprendizajes tipo ensayo y error, así que resulta vital que sepamos diferenciar qué conductas han de ser reforzadas y cuáles no. Por ejemplo, las rabietas: normalmente éstas no son más que una demanda de atención, por ello es importante no entrar a negociar con ellos hasta que se tranquilicen para después poder llevarlos a la reflexión y enseñarles que hay otras maneras de expresar su enojo, como decir qué es lo que les molesta en voz alta. Otro ejemplo es la frustración, el aprender a perder, ya sea en el ámbito deportivo o en cualquier otro; esto se dará gracias a una intervención educativa consciente por parte de los adultos de referencia.

 

  • Trabajar la empatía→ Es necesario razonar con ellos continuamente mediante diferentes preguntas: “¿Cómo crees que se siente tu amigo después de lo que le has hecho? ¿Por qué crees que está llorando/sonriendo tu hermana? ¿Crees que la profesora estará hoy contenta?”. El que puedan ir razonando sobre lo que les pasa a las personas de su entorno, les permitirá ir desarrollando el ser empáticos con los demás.

 

  • Desarrollar su comunicación→ Hablar con los niños, hacerles preguntas, razonar, jugar, poner ejemplos… es algo imprescindible en su educación. Debemos favorecer continuamente el que puedan expresarse, el dar su opinión y manifestar sus sentimientos mediante el diálogo. Por otro lado, desde muy pequeños deben saber respetar al otro mientras está hablando y aprender a escuchar activamente. Por ello es recomendable hablarles despacio, frente a frente y terminando las frases con un “¿has entendido?”, “¿estás de acuerdo con lo que he dicho?”. Una vez más, debemos predicar con el ejemplo: si no los escuchamos activamente cuando ellos nos hablan, será muy difícil que ellos hagan lo mismo con nosotros.

Como vemos, el ser emocionalmente inteligentes nos trae muchos beneficios y si desde pequeños aprendemos a regular nuestras propias emociones y a ser empáticos con los demás, nos estaremos preparando para, en un futuro, ser asertivos en el trabajo, saber trabajar en equipo y sobretodo para vivir en comunidad.

Referencias:

Bar-On, R. (2010). Emotional Intelligence: An integral part of positive psychology. South African Journal of Psychology, 40(1), 54-62. https://doi.org/10.1177/008124631 004000106

Ugarriza, N. y Pajares, L. (2005). La evaluación de la inteligencia emocional a través del inventario BarOn ICE: NA, en una muestra de niños y adolescentes. Persona (8), 11-58. Recuperado de: http://revistas.ulima.edu.pe/index.php/Persona/article/view/893

Por Kiara Lelkes – Psicóloga de Nursery a 1er grado

Edición y corrección: XMM 

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