Reflexiones a partir del libro: Tutores de resiliencia. Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo de José Luis Rubio y Ema Puig.

SAWABONA, es un saludo usado en África del Sur, quiere decir: “Yo te respeto, eres valioso, eres importante para mí.”

En respuesta las personas contestan SHIKOBA, que es: “Entonces, yo existo para ti.”

Todo niño necesita para desarrollarse un nicho sensorial a su alrededor que lo envuelva y tutorice su desarrollo. En la escuela, ese nicho son los maestros y, más aún, los tutores. En un colegio, todos pasamos a ser adultos referentes de los estudiantes. Las enfermeras con su amor y cuidados, los jardineros con cada saludo, las secretarias escuchando sus pedidos y reclamos con paciencia y una sonrisa, los chicos de mantenimiento que se dan tiempo para jugar pelota, los vigilantes que conocen a todas las familias, en fin, cada adulto desde su rol forma parte de una comunidad que sostiene.

Nuestra tarea de maestros es estar en y a disposición de nuestros estudiantes con nuestros recursos profesionales, pero sobre todo, con nuestros recursos más humanos (afecto, compromiso y coherencia). Somos su modelo más con nuestras acciones que con nuestro discurso. Contagiamos y transmitimos cada día entusiasmo, curiosidad, esperanza, empatía, solidaridad y humanidad.

Ese vínculo que generamos con nuestros estudiantes los marca y se imprime en cada uno formando un rompecabezas con escenas de sus vidas. En los primeros años, las personas que los cuidan, los protegen y miman, van cosiendo con mucho esmero un “patchwork” con retazos de amor, de buenos tratos, de apoyo, de contacto y emociones. Luego, de manera muy personal, cada uno va añadiendo aquellos retazos que considera valiosos, creando una manta justita y a medida, irrepetible y tan resistente que los envolverá y dará calor a lo largo de toda la vida. Cada relación, cada sonrisa, cada mirada amistosa, las relaciones significativas, las normas y los valores, las creencias, las experiencias gratificantes, la escucha atenta y respetuosa y muchas más vivencias las iremos cosiendo a esa tela calientita que nos irá cobijando cada día.

En este trabajo, hay unos hilos invisibles que, a modo de lazos y nudos, nos conectan con esas personas que han sido capaces de aceptarnos de manera incondicional, más allá de nuestros actos, defectos o problemas.  Todas las personas necesitamos sentir que contamos con alguien para el cual somos valiosos y también sabernos aceptados, reconocidos y valorados. Son estos lazos invisibles entre una persona y la otra que nos acepta incondicionalmente, lo que nos permite crear vivencias compartidas que forman nuestra historia de vida. Vivimos en un mundo de relaciones que nos acompañan a crecer o nos destruyen.

Por eso es fundamental contar desde que nacemos, con personas alrededor que nos brinden afecto, despierten nuestra conciencia, nos proyecten confianza, generen apego seguro y la certeza de que van a estar allí presentes cuando más los necesitemos y aunque no estén de acuerdo con lo que hagamos o digamos, nos seguirán valorando por lo que somos y nos ayudarán a amortiguar nuestras caídas. Estas personas se encuentran tanto en la familia como en la escuela, pues pasamos gran parte de la vida en ese espacio.

Estas personas con las que nos ha unido un lazo invisible no siempre nos van a acompañar durante todo el camino, pero todas ellas nos enseñarán a querernos y valorarnos. Son las que nos hicieron y nos hacen sentir especiales y vivos.

Nosotros los maestros, no podemos tener la seguridad de que nuestra actuación va a tener un impacto en el proceso de cada uno de nuestros niños, pero tenemos la obligación de intentarlo siempre. La clave está en estar siempre disponibles para ellos y quizás nos convirtamos en sus perlas o diamantes.

“Cada año de mi vida he buscado 12 perlas. 12 personas que no conociera, pero que se me aparecieran y marcaran mi mundo de tal manera que mi yo virara… Con el tiempo algunas perlas pasan a ser diamantes…un diamante, para que me entiendas, es una de esas personas que se hace tan básica e importante en tu vida que parece creada únicamente para ti”. Albert Espinoza.

Los invito a tomarse un tiempo para elaborar su propia lista, revisar quiénes son estas 12 perlas en sus vidas y quiénes representan sus diamantes. Quizás hasta se animen a escribirles una nota de agradecimiento, es muy probable que estas personas no tengan idea de lo importantes que son o fueron en la vida de otros y el saberlo seguramente les reconfortará el alma y el corazón. No olviden de iniciar su carta con la palabra “SAWABONA”.

Por Janice Roeder – Directora