Qué maravilloso sería que existiese un manual o una guía con indicaciones, pasos y estrategias de cómo ser buenos padres y controlar las conductas de nuestros hijos, sobre todo en estos momentos difíciles que estamos viviendo como sociedad, en los que abunda la incertidumbre, la preocupación, los temores, el estrés y la ansiedad por lo que pueda pasar en el futuro. Sin embargo, todos los niños son diferentes y las estrategias que funcionan con uno, no necesariamente lo hacen con los demás.

Seguramente nos ha pasado en varias oportunidades que nuestros hijos hacen rabietas o tienen alguna conducta inapropiada cuando se sienten molestos, frustrados o abrumados por alguna situación. Seguro nosotros también nos hemos enfadado y hasta perdido la paciencia con ellos, por lo que les hemos levantado la voz e incluso los hemos castigado. Pero, ¿qué tan agotador es esto? ¿nos sentimos culpables después? ¿tanto el niño como nosotros, terminamos incluso más abrumados?.

Para no llegar a esto, posiblemente buscamos hablar con ellos en el momento, creyendo que así podremos explicarles la situación y llegar a un acuerdo. Sin embargo, a menudo no tenemos éxito, puesto que en los momentos de cólera o enfado es difícil llegar a una reflexión con el niño e intentar hacerlo puede incluso causar una pelea o rabieta mayor.

El rincón de la calma

Si bien nuestro objetivo con estas medidas es regular conductas inapropiadas, éstas no ayudan a que el niño pueda gestionar sus emociones de manera positiva. Debemos tener en cuenta que, cuando nuestras emociones se encuentran en una intensidad muy alta, – por ejemplo, cuando estamos muy molestos – nublan nuestro entendimiento y pueden llevarnos a actuar de manera negativa. Por ello es necesario que primero nuestros hijos (y nosotros) se calmen, para luego poder conversar con ellos. Pero ¿cómo podemos hacer esto? Una estrategia que funciona es crear un espacio o “rincón de la calma” en casa.

Los niños están en proceso de conocer sus emociones y están aprendiendo a vivir con ellas, por lo que los espacios íntimos y protegidos son perfectos para ayudarlos en este proceso. Pero, este espacio funciona muy bien también para adolescentes e incluso adultos.

El espacio o rincón de la calma, busca generar un ambiente donde el niño no se sienta juzgado por experimentar una emoción, ya que ninguna emoción de por sí es mala, solo debemos aprender a regularlas. Es válido sentirnos molestos, tristes o ansiosos; lo que no es válido son las conductas inapropiadas que se generan por no controlar esa emoción. Al permitirle ingresar a este rincón, se busca que el niño logre calmarse sin llegar a la acción, para luego, una vez que la intensidad de la emoción haya disminuido, hacer una reflexión. Así, se mostrará más dispuesto a encontrar una solución y llegar a un acuerdo.

Otro beneficio de esta técnica es el autoconocimiento, porque permite que el niño aprenda a identificar, reconocer y expresar sus emociones de manera asertiva, comprendiendo que de por si no existe ninguna emoción prohibida, pero que sí es importante buscar controlar su intensidad para poder pensar con mayor claridad y tomar mejores decisiones antes de actuar.

¿Cómo preparamos el rincón de la calma?

Con el fin de que este sea un lugar cómodo en el que el niño pueda relajarse, se aconseja incluir objetos como una alfombra, cojines, una colchoneta o un yoga mat. También se recomienda incluir elementos que puedan ayudar a calmar al niño y que lo ayuden a sentirse bien, como su juguete o peluche favorito, libros y cuentos. Asimismo, podrías incluir una foto o dibujo de una rana, para con ella poder ejemplificar la realización de una respiración profunda tal como las ranas lo hacen inflando su abdomen, ya que respirar de manera profunda también los ayudará a calmarse. Además, en este espacio puede haber hojas y lápices de colores para que el niño pueda plasmar como se está sintiendo e incluso podrían haber mandalas para que pinte y se relaje. De igual manera, se recomienda incluir un olor tranquilizador como lavanda y música que facilite la relajación corporal y mental. 

¿Cómo manejar el rincón de la calma?

La idea es que nosotros como padres introduzcamos este espacio de una manera que resulte llamativa para nuestro hijo. Si queremos que ellos se involucren con este espacio, primero deben saber para qué sirve, cómo usarlo y cuáles son las ventajas de hacerlo. Además, es importante que comprendan la función de cada uno de los materiales que están en él.

En un inicio, es necesario acompañar al niño en este espacio, hasta que poco a poco vaya interiorizando como un hábito el acudir a éste cada vez que se sienta abrumado por una emoción. Puedes apoyarlo invitándolo a usar el material y también diciendo frases como “acuérdate de respirar” o preguntándole “¿en qué parte de tu cuerpo sientes la rabia?“.

De este modo, al ser guías de este espacio, ayudaremos a que nuestros hijos puedan ser más consciente de cómo se sienten, puedan procesar de manera adecuada sus emociones y así tener mejores reacciones. De igual manera, se van a sentir acompañados dentro de su proceso de aprender a lidiar con sus emociones y esto aumentará su confianza en nosotros, pues sabrán que buscamos ayudarlos a sentirse mejor, atendiéndolos y acogiéndolos.

Por Kiara Lelkes – Psicóloga de Nursery a 1er grado

Referencias Bibliográficas:
Álvarez, C. (2018). Rincón de la calma para controlar rabietas infantiles. Guía infantil. Recuperado de https://www.guiainfantil.com/educacion/conducta/rincon-de-la-calma-para-controlar-rabietas-infantiles/